Melisandre, la de los ojos encendidos

Casandra es una sacerdotisa nombrada más de una vez en la tragedia griega. Fue hija de Hécuba y Príamo, reyes de Troya. Dependiendo del texto es el origen y la omisión o mención de sus poderes proféticos; quedémonos con lo segundo. Aunque sus padres tenían planeado usarla para beneficio de Troya por medio del matrimonio, Casandra tenía otro plan para sí misma, ya que ella deseaba tener poderes. Su don profético lo recibe de Apolo, bajo la condición de concederle sus “favores”; Casandra acepta el don, pero se niega a someterse a la voluntad del dios, quien la castiga con el silencio a voces. En adelante, las profecías de Casandra serán certeras, pero nadie habrá de creerle, será silenciada e ignorada; el dios deslegitima el discurso profético de la sacerdotisa. Más tarde será entregada como esclava a Agamenón, el hombre que destruyó el hogar y la familia de Casandra; en la tragedia de nombre homónimo será presentada como una extranjera, con todo el peso semántico de la palabra. A diferencia de otros personajes con poderes de oráculos, ella no permanece en ningún templo, sino que se mueve abiertamente por el espacio público; como en toda profecía, su discurso está cargado de enigma.

Sabemos que los personajes arquetípicos de la tragedia griega han servido de modelo para la construcción de personajes en textos contemporáneos y la saga de Canción de hielo y fuego no es ajena. Encuentro varias coincidencias entre Casandra y Melisandre de Asshai. Melisandre, también conocida como la bruja roja, es una sacerdotisa del dios R’hllor, también conocido como el Señor de la Luz; posee el don profético, del que tiene un conocimiento parcial, para lo cual debe hacer uso de su interpretación. Su lugar de nacimiento es desconocido, pero de lo que se tiene certeza es que fue vendida como esclava al templo rojo y su primer nombre fue Melony. Posteriormente se ordenó como sacerdotisa en Asshai. En sus visiones ella da con Azor Ahai, quien renacería entra la sal y el humo. En algún momento ella llega a pensar que Stannis es el príncipe prometido; sin embargo, a lo largo de la historia veremos que no es así y que la verdadera identidad de Azor Ahai continúa siendo un misterio (¿?). Su interpretación de la profecía, así como su cercanía con el rey Stannis la harán objeto de críticas y dudas, ya que realmente son pocas las personas que creen en el poder de Melisandre y la incertidumbre sobre ella irá creciendo. No en vano dijo alguna vez que las profecías son engañosas. En cierto punto llega a dudar de sus poderes, sin embargo, con el rumbo que ha tomado la historia, pareciera que todo forma parte de un plan, incluso sus errores aparentes. Cuando estaba a punto de rendirse, logró lo que nadie más hubiera imaginado, así recuperó su fe, no tanto en R’hllor como en ella misma.

En lo particular, me llama la atención la relación que Melisandre tiene con su cuerpo, algo que pocas veces notaremos con otras personajas de la serie. Aunque este se encuentra en constante vulnerabilidad, en cierto modo, su cuerpo es una de las principales fuentes de sus poderes y fortaleza (el calor que produce su cuerpo la hace resistente al frío ¿Se reduce a un acto de fe?). Junto con Daenerys, sus escenas son de las pocas donde seremos testigos de los elementos fantásticos de la serie, más que históricos.

La bruja roja transita en el espacio público, se mueve de un continente a otro en busca de Azor Ahai. La mayoría de la gente en Westeros desconfía de sus habilidades, dado que Melisandre cree en un dios diferente a los que son rezados en ese continente. A lo largo de la serie, veremos que las referencias que hacen sobre ella son, en su mayoría, despectivas: “la puta de Stannis”, “la sacerdotisa de Asshai”, “charlatana”, “fanática”, son algunos de los términos que utilizan para referirse a ella. Así como a Casandra, los demás deslegitiman su poder como sacerdotisa y oráculo. Sin embargo, ahora sabemos que muchas de sus intervenciones y encuentros con otros personajes, que en un principio parecían no tener un rumbo definido, en realidad son más importantes de lo que aparentan. Nada en Melisandre es fortuito.

Leo más de lo que escribo, aunque veces supero el miedo a la página en blanco. Feminista de por vida. No me gustan las llamadas telefónicas.

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