Una presentación que nunca fue leída: “Yo también me acuerdo”, de Margo Glantz.

Aclaración: en 2015 la FILEY me invitó a presentar “Yo también me acuerdo”, de Margo Glantz, con ella presente (ya se pueden imaginar el nervio y la emoción). Lamentablemente, por motivos de salud ella tuvo que cancelar (no puedo tener cosas bonitas). De ese año hasta la fecha, el texto que escribí se mantuvo guardado en mi repositorio de Drive, hasta que hoy lo comparto por aquí. Es un texto breve, que escribí justo antes de un momento de transición importante, cuando estaba aún más insegura de mi voz. Ahora que lo veo a la distancia, me doy cuenta que “Yo también me acuerdo” fue la inspiración para tomar decisiones que serían clave en mi crecimiento personal. No podría estar más agradecida con Margo. Ahora sí, el texto:

I

Ayer por la tarde platicaba con un gran amigo de cuando escribíamos cartas, en la adolescencia. Casualmente, o tal vez no porque en realidad nos parecemos mucho, ambos juramos no volver a hacerlo jamás, aunque yo no lo habría de cumplir (y estoy segura que él tampoco lo hará). Me doy cuenta de lo importante que son los recuerdos; habrá quien piense que hablar de lo que recordamos es un ejercicio egocéntrico o intrascendente. Pero yo soy de las personas que creen en lo necesario de evocar y sobre todo, de compartir la memoria; sé que no soy la única. Porque cualquier vida humana se construye no sólo a partir de hechos extraordinarios, sino también de lo cotidiano y eso no le resta lo fundamental; a partir de esos delgados hilos logramos entretejer el complejo entramado que nombramos vida. Hoy me siento muy afortunada de compartir esta mesa con Margo Glantz, de poder haber leído sus recuerdos y tener la oportunidad de hablarles sobre este libro, aunque yo sólo sea una lectora.

“Yo también me acuerdo” es un texto que proviene de una tradición literaria, la que se basa en permitir que los recuerdos fluyan para construir una autobiografía; pero también constituye un homenaje y un diálogo con sus antecesores, Georges Perec y antes de él, Joe Brainard (y seguramente, antes de ellos, Marcel Proust y sus recuerdos a partir de una Magdalena). Escritores que están constantemente presentes en el libro, al igual que Jorge Luis Borges, Augusto Monterroso, Joseph Conrad, David Markson (quien también influyó en el texto del que se habla), María de Zayas, Jean Rhys, Fumiko Enchi…

Les comparto una anécdota que resume una de las razones por las cuales he valorado este libro: alguna vez, durante una clase con la escritora puertorriqueña Mayra Santos-Febres, ella nos hablaba acerca de la importancia de crear un corpus literario sobre la adquisición de conocimiento por parte de las mujeres; y mencionó un ejemplo, que es una autora que aparece frecuentemente en “Yo también me acuerdo” y cuyos textos han sido ampliamente analizados por Margo Glantz: me refiero a Sor Juana. Es fundamental para la literatura y la historia de las mujeres mexicanas y latinoamericanas contar con este libro, porque consiste en un acercamiento fragmentario, pero no por ello menos profundo, a los recuerdos de una mujer llena de conocimiento. Es una forma de reafirmar que nuestra memoria, sea de donde provenga (lo laboral, filosófico, literario, cotidiano, la oralidad, lo espiritual, cualquier camino que tracemos), es válida.

II

Sobre su estructura, como mencioné en líneas anteriores, “Yo también me acuerdo” parte de una tradición específica, aunque no muy explorada. Ésta consiste en construir una autobiografía por medio de epigramas y aforismos, sentencias breves que inician con la misma oración “Me acuerdo”, a manera de anáfora (figura retórica), lo que dota al texto de ritmo, aunque la longitud de los recuerdos varíe. Justo como funcionan los recuerdos en nuestra mente; unos pueden tomarnos segundos y otros podemos saborearlos durante meses, a veces muy a nuestro pesar/placer.

Hay una reciente vinculación entre este género literario que la misma autora confiesa y esta es con Twitter. Reciente porque ni Brainard ni Perec conocieron las redes sociales y quizá nunca imaginaron la existencia de éstas, pero sin duda habrían sido excelentes tuiteros; en ese sentido, a lo largo de las páginas del libro, es frecuente el paralelismo entre la brevedad y fragmentación de los tuits y los epigramas/aforismos de “Yo también me acuerdo”. No tiene que haber un orden cronológico entre una publicación y otra en la red social, así como no es necesario que exista ese mismo orden temporal en el texto de Margo Glantz, porque el sentido de su autobiografía es dejar que un recuerdo lleve al otro, aunque no parezcan tener una conexión. Y también en el texto son frecuentes las referencias al uso de tuiter, su capacidad de comunicar, de revelar los sentimientos de quien administra la cuenta, el peligroso efecto de las intenciones y las interpretaciones, la capacidad de divertir quien tuitea; que puede ser quejosx, corrosivx, desenfadadx y también fascista, profundx, inmediatx y contagiosx.

A lo largo de su autobiografía, Margo Glantz nos comparte una serie de referencias culturales que ella ha recogido durante toda su vida; desde sus primeras lecturas de Verne y los conciertos a los que ella asistía con su padre, hasta sus actuales escritorxs de cabecera, su música preferida, su gusto por vivir. Comparte su proceso de adquisición de conocimiento, lecturas, escritorxs que admira, escritorxs que conoció y que son amigxs en la cercanía; anécdotas, reuniones, fenómenos naturales. Hay una que quiero mencionar en especial, ya que está presente en diversas partes de la autobiografía, y aunque no es un influjo directo para la escritura de “Yo también me acuerdo”, si es una constante en la producción de Margo. De nuevo, no puedo evitar mencionar a Sor Juana. Deberíamos leerla más

III

En un nivel más íntimo, de escritora a lectora, puedo decir que comparto ciertos recuerdos con Margo. Lamentablemente, no son los relacionados con los viajes (todavía y si actualizo al 2020, conservo ese “todavía”): Yo también me acuerdo que tengo escoliosis. Yo también me acuerdo que no sé nadar, en mi caso por mi fobia al agua; me acuerdo que soy adicta al yogurt, aunque la gastritis me impide consumirlo tanto como quisiera y mi caligrafía también necesita de un paleógrafo para ser entendida. Como Margo, sólo me sé de memoria un verso del Primero Sueño de Sor Juana: “El mundo iluminado, y yo despierta”.

Gracias Margo por hacerme una mejor lectora y despertar una curiosidad en mí que yo creía ya dormida: la voluntad por conocer. Leerte en “Yo también me acuerdo”, me trae de vuelta a mis maestras de la universidad (a Maggie, a Mariloli, a Celia, a Cristina, a Rocío, a Georgina, a Leticia), a todas las mujeres que he leído y que se dedican al oficio de las letras, a sus historias particulares que nos deberían de inspirar a las generaciones posteriores. Leerte me recuerda que aún tengo mucho por leer, estudiar, viajar. Se lo debo a mis maestras, a las mujeres de mi familia y me lo debo a mí misma. “Yo también me acuerdo” es una prueba de que “lo personal es político”.

Leo más de lo que escribo, aunque veces supero el miedo a la página en blanco. Feminista de por vida. No me gustan las llamadas telefónicas.

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